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Misión Permanente Valencia

Departamento de Misiones de la Arquidiócesis de Valencia


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Misión Continental

Por: Mision Continental Valencia | Publicado: 22/03/2011 16:31 |
La V Conferencia de Aparecida y la Misión Continental

Los Obispos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, aprobaron por unanimidad la realización de una «Misión Continental», cuya finalidad será socializar la riqueza, enseñanzas, orientaciones y prioridades de dicha Conferencia. Se trata de un «despertar misionero» que contará con la participación activa de las Conferencias Episcopales y de todas las fuerzas vivas de las Iglesias locales –como por ejemplo, las comunidades Eclesiales de Base –en modo tal de «poner a la Iglesia en estado permanente de misión» (Documento Conclusivo, n.570 y 195). Si bien las modalidades concretas de la Misión serán definidas por la Asamblea Plenaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la V Conferencia analizó sus líneas fundamentales, que pueden ser así resumidas:

1. ¿Qué es la Misión Continental?
La Misión Continental es un tiempo de gracia para la Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe, un tiempo para tomar conciencia de su auténtica vocación cristiana. Es una Misión permanente, única y variada, que expresa la voluntad de la Iglesia de ser discípula y misionera de Cristo para transmitir a los demás la alegría de la fe en el actual proceso de cambio que vive la sociedad en general.

2. ¿Quiénes deben realizar la Misión?
• La Misión Continental tendrá como protagonista al Espíritu Santo (cf. Redemptoris Missio, 21) presente en las Conferencias Episcopales y en las Iglesias locales vivas, que tendrán la tarea de proyectar, impulsar y ejecutar dicha Misión. Ésta tendrá frutos en la medida en que sea llevada a cabo por una Iglesia unida, en comunión y corresponsabilidad con todos los miembros del Pueblo de Dios. La comunión es particularmente importante entre los miembros del clero: obispos y presbíteros de una misma conferencia episcopal y diócesis.
• Los obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas, consagrados, consagradas, jóvenes, laicos y laicas son agentes de la Misión, quienes han de vivir una profunda espiritualidad misionera. Los agentes han de contar además con una cualificada formación teológica y misionológica, a adquirirse en los Centros o Intitutos especializados ya existentes o en Centros nuevos a ser creados.
• La Misión cuenta con el apoyo decisivo de los laicos, llamados a vivir la vocación universal a la santidad y a la misión (cf. Redemptoris Missio, 90) en sus propios ámbitos de familia, relaciones interpersonales, trabajo… En este sentido, la participación de los movimientos eclesiales y de asociaciones laicales, con el dinamismo e ímpetu propios, es fundamental para el éxito de la Misión Continental.
• La Misión exige renovar las estructuras pastorales de las diócesis, parroquias, comunidades eclesiales de base, pequeñas comunidades, en perspectiva misionera.

3. ¿A quién está destinada la Misión?
• A la propia comunidad eclesial para que se redescubra como comunidad atractiva y atrayente.
• A los católicos bautizados, pero alejados de la Iglesia.
• A las personas y clases dirigentes que viven en los diversos espacios sociales, políticos, culturales y económicos de la sociedad latinoamericana y caribeña.
• A las personas indiferentes que viven en ambientes socio-culturales y nuevos areópagos donde Jesucristo está ausente: familias, colegios, universidades, centros de investigación científica, artes, deportes, nuevas tecnologías de comunicación e información…
• A los emigrantes latinoamericanos.
• A la familia humana sin exclusiones, especialmente a quienes no conocen a Jesucristo dentro y fuera del continente: misión ad gentes e inter gentes.



4. ¿Cómo se debe llevar a cabo la Misión?
• Desde la realidad social y cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe y teniendo presente las experiencias misioneras ya realizadas en el continente.
• Con una fuerte impronta bíblica, centrada en la Palabra de Dios, en el anuncio de Jesucristo y en una Liturgia y celebraciones que incorporan la riqueza de la religiosidad popular.
• Desde una espiritualidad misionera, manifestada en la gratuidad, osadía, creatividad, audacia (parresía) y con la ternura y misericordia expresadas en la devoción mariana.
• Con actitudes evangélicas de respeto personal y acercamiento capilar a los demás en la práctica de un diálogo que suscite atracción por el evangelio de Jesucristo.
• Sin fanatismos, proselitismo ni imposiciones, sino con la mística del propio testimonio de vida.
• A través de estructuras pastorales mínimas, pero renovadas. Aprovechar, si se ve conveniente, la creación de nuevos ministerios específicamente misioneros, como el de «visitador misionero».
• En el espíritu de comunión, que comprende también el aspecto económico.
• Usando los medios de comunicación social y las nuevas tecnologías de información.
• Con el protagonismo directo y programas claros de las Conferencias Episcopales y la animación permanente del CELAM.

5. ¿Para qué la Misión Continental?
• Para crecer en el seguimiento y discipulado de Cristo en dimensión ecuménica.
• Para que muchos descubran la persona de Cristo y su proyecto presente en la Iglesia.
• Para transformar la parroquia y toda la Iglesia en una red de pequeñas comunidades.
• Para fortalecer las raíces evangélicas de la fe y la conciencia misionera de la Iglesia.
• Para crear escuelas de evangelización, formar comunidades y atraer a los cristianos.
• Para pasar de una Iglesia sacramentalización a una Iglesia formadora en la fe.
• Para responder a la sed de Dios que buscan muchos hombres y mujeres del continente.

Se espera pues que la Misión Continental infunda en la Iglesia presente en América Latina y el Caribe aquel fervor espiritual, el valor y la audacia de los apóstoles, como señala el mismo Documento Conclusivo (n. 571) retomando un texto de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI: «Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo –como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia –con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza – pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes ha recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo» (n.80).

Roberto Tomichá
Teólogo boliviano
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